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ANÁLISIS POLÍTICO: LA CRISIS DE SEGURIDAD EN ECUADOR.

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ene 15, 2024
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El nuevo año no ha empezado nada bien para el recién llegado Daniel Noboa a la presidencia del Ecuador. Como seguramente ya sabes, la crisis de seguridad en la que lleva inmerso este país en los últimos dos años se está complicando todavía más.

El 7 de enero se anunció la fuga de Adolfo Macías, “Fito”, líder del grupo criminal Los Choneros, de la cárcel en la que estaba recluido. En respuesta, el presidente ecuatoriano decretó el estado de excepción por 60 días en todo el territorio nacional.

El resultado es que las siguientes jornadas experimentaron una nueva explosión de violencia: secuestros a oficiales de policía, a los trabajadores de la cadena de televisión TC en pleno noticiero, y numerosos motines en diversos centros penitenciarios del país. 

Adolfo Macías "Fito" celebrando su 44 cumpleaños en la Penitenciaria del Litoral. Imagen: Wikimedia

El crimen organizado nunca tuvo tanto protagonismo en Ecuador, pero eso no significa que no existiera, y es aquí cundo hay opiniones encontradas en la población civil. De hecho, la integración del país andino en club de los países con más presencia del crimen organizado internacional es algo relativamente nuevo.

La evolución del crimen organizado en Ecuador

A finales del pasado siglo, las organizaciones criminales presentes en Ecuador eran más bien pequeñas, estaban poco estructuradas, tenían un marcado carácter local y una limitada integración en el circuito internacional. Por eso, el país no estaba acostumbrado a la violencia vinculada a las grandes guerras entre bandas por el poder o el acceso a las rutas del narcotráfico y el contrabando.

Inicialmente, las bandas locales actuaron como subcontratistas de grupos criminales más grandes de otros países de la región como Colombia o México. En esta línea, los Choneros era la banda por antonomasia del crimen organizado ecuatoriano, además de la más antigua y peligrosa.

No obstante, con el incremento de los movimientos de droga por el océano Pacífico, el asesinato del exlíder de Los Choneros en 2020 y las restricciones a la movilidad que tuvieron lugar durante la pandemia, se produjo un fraccionamiento de las bandas criminales y empezaron a surgir conflictos entre estas por el control de otras organizaciones más pequeñas, así como de los centros carcelarios del país o los puntos clave para el tráfico de drogas.

Desde entonces, Ecuador ha pasado de ser un país de tránsito para la cocaína a participar activamente en su cadena productiva junto con Colombia, al mismo tiempo que las bandas criminales han ido aumentando y consolidando su poder —la Policía Nacional de Ecuador tiene registrados unas 22 bandas criminales operando en todo el país. Por supuesto, la violencia no ha parado de crecer. Tanto es así que ha pasado de ser el décimo país más violento de América Latina a encontrarse entre los 4 primeros. 

Entre 2016 y 2018 sus tasas de criminalidad estuvieron entre las más bajas de toda la región. Sin embargo, desde entonces las cosas han cambiado mucho y el año 2023 ha terminado, por ejemplo, con la cifra de homicidio más alta de las últimas décadas, 7,600 casos. Desde el año 2020, la tasa de homicidios en Ecuador se ha multiplicado casi por 7.

Las cárceles se han convertido en el foco de la criminalidad

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