MISS POLÍTICA

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Cuando la política te interpela tanto que termina por mostrarte una herida familiar.

Una opinión editorial para pensar (y sentir) la política a mitad de semana.

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MISS POLÍTICA
jul 29, 2026
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Si hay algo que siempre he querido de MISS POLÍTICA es que aterrice la política a lo cotidiano, a lo simple, a lo real; que vaya a la fibra del propio ser. Pero hasta ahora no me había dado cuenta de que eso también me incluye a mí y a mi entorno más cercano.

A ver, no me malentiendas: claro que sé que la política podía trastocarme a mí porque, después de todo, soy una mortal más. Pero creo que, hasta ahora, las publicaciones de MP no me habían hecho cuestionarme y cuestionar tanto mi entorno más cercano, más íntimo, más familiar.

Hablar de política en la familia puede ser algo sencillo, quizá si creciste en una casa donde cuestionar la autoridad era visto como una muestra de criterio, de personalidad propia o del desarrollo de tu individualidad. Pero si creciste en una casa como la mía, cuestionar a la autoridad era ser la persona más irrespetuosa del planeta y pasar a ser la niña rebelde… Quizá en ese momento empecé a convertirme en la oveja negra de mi familia. O, más que oveja negra, en una extranjera.

No voy a decir que mi infancia o mi adolescencia fueron las peores de la historia, pero sí estuvieron muy marcadas por una violencia temprana. ¿Cómo podía una niña de dos años salvar a su madre de los golpes de su padre? A veces lo intentaba y mi cuerpo guarda una que otra cicatriz como recuerdo.

Y una adolescencia marcada por el abuso sexual, la falta de protección y la mirada esquiva de una familia que, en vez de protegerme, me dio a mí el rol de protectora… Todo drenó en la anorexia y en los pensamientos suicidas que me acompañaron durante casi dos años.

Siempre supe que empezar la universidad sería para mí un nuevo comienzo, y así fue. Pero tener a MP, este hermoso proyecto al que le debo mucho, ha traído una especie de incomodidad que llevaba años sin sentir.

Leo los mensajes de personas diciéndome que se sienten identificadas con los temas que abordamos —porque, aunque yo dirijo la línea editorial, lo cierto es que hay un equipo detrás—. Esos mensajes me hacen sentir bien, claro que sí. Hay propósito en todo esto y me hace inmensamente feliz que la gente pueda sentirse tocada por lo que hacemos.

Pero en las últimas semanas he sido yo misma la que se ha quedado pensando más de lo normal en las publicaciones de MP. Y anoche, pensando otra vez en el post La familia fue tu primer Estado de bienestar, me dije: las publicaciones de MP me están mostrando las heridas familiares, otra vez.

Pero esas heridas siempre han estado ahí y probablemente siempre lo estarán, porque lo cierto es que tengo esta sensación de que no encajo en mi familia y creo que es algo con lo que tengo que hacer las paces.

¿La política, entonces, puede mostrarnos una herida familiar?

Claro que sí.

Y, si lo dudas, aquí estoy yo como caso de éxito de que la política puede atravesarnos tanto que termine reflejando los malestares que existen dentro de una familia.

De hecho, cuando Carol Hanisch escribió el ensayo que popularizó la idea de que “lo personal es político”, nos estaba recordando precisamente esto: que aquello que vivimos en la intimidad no está aislado de las estructuras de poder. Que los conflictos que se producen dentro de una casa no siempre son únicamente problemas privados, individuales o familiares. Muchas veces son también expresiones de sistemas mucho más grandes: el machismo, la desigualdad, el autoritarismo, la violencia y la distribución injusta del poder.

Aquí algunas formas en las que la política nos muestra una herida familiar:

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