MISS POLÍTICA

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La estrategia de los Murdoch: controlar el relato no es comunicar más, es construir la infraestructura desde donde otros interpretan el poder

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abr 24, 2026
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Hay familias que heredan empresas. Hay familias que heredan apellidos. Hay familias que heredan capital económico, propiedades, acciones, contactos, cenas, consejos de administración y una educación diseñada para que el mundo parezca menos intimidante. Y luego están los Murdoch: una dinastía que no solo heredó medios, sino que entendió algo que muchos líderes políticos, corporativos y personales todavía subestiman: el verdadero poder no está únicamente en tener visibilidad, sino en controlar los lugares desde donde la visibilidad se convierte en sentido.

The Rise of the Murdoch Dynasty: we get it lads, it's like Succession |  Television | The Guardian

Rupert Murdoch no construyó simplemente un conglomerado mediático.

Construyó una arquitectura de interpretación. Esa es la diferencia. Muchos líderes quieren aparecer en los medios. Murdoch quiso poseerlos, dirigirlos, expandirlos, alinearlos, convertirlos en una red de influencia y hacer que esa red tuviera una posición ideológica, comercial y cultural reconocible. Fundó News Corporation en 1979 y, con el tiempo, su imperio pasó por reorganizaciones, escisiones y adquisiciones que incluyeron activos como Fox, Fox News, The Wall Street Journal, The Times, HarperCollins y otros medios de enorme peso cultural y político.

Rupert Murdoch seals deal passing control of media empire to eldest son |  Media News | Al Jazeera

La gran lección estratégica de los Murdoch no es “tener medios”. Esa sería una lectura superficial.

La lección es entender que en política, en negocios y en liderazgo, quien controla el marco de interpretación tiene más poder que quien solo responde a la conversación del día. Los Murdoch no esperaron a que la conversación pública les diera espacio; crearon espacios para producir conversación pública. No solo participaron en el ecosistema mediático; intervinieron en la forma en que millones de personas veían el mundo, votaban, consumían noticias, desconfiaban de ciertas élites, se identificaban con ciertos valores y rechazaban otros.

Y aquí empieza la parte incómoda, pero necesaria: no hace falta admirar a los Murdoch para estudiarlos. No hace falta coincidir con su línea editorial para entender su inteligencia estratégica. No hace falta romantizar su influencia para reconocer que su modelo revela una de las verdades más importantes del poder contemporáneo: la política no empieza cuando alguien vota; empieza mucho antes, cuando alguien aprende qué teme, qué desea, a quién culpa, a quién escucha y qué palabras utiliza para explicar su realidad.

La estrategia Murdoch consiste en convertir medios en territorio político, audiencia en comunidad emocional, narrativa en activo corporativo y sucesión en defensa del legado.

Durante décadas, Rupert Murdoch entendió que el poder mediático no se trataba solo de informar, sino de ordenar el caos. En sociedades saturadas de información, las personas no buscan únicamente datos; buscan una brújula. Quieren que alguien les diga qué importa, quién amenaza su forma de vida, qué instituciones merecen confianza, cuáles no, qué cambios representan progreso y cuáles decadencia. Esa brújula puede ser seria o manipuladora, sofisticada o agresiva, ética o profundamente cuestionable. Pero estratégicamente, funciona cuando logra algo esencial: ofrecer una interpretación consistente del mundo.

Por eso Fox News no fue simplemente otro canal de noticias cuando se lanzó en 1996. Fue una respuesta a una percepción: la de un público conservador estadounidense que sentía que los grandes medios tradicionales no hablaban desde su sensibilidad cultural, política y emocional. Murdoch y Roger Ailes entendieron que ahí había un mercado, pero también algo más poderoso que un mercado: una identidad esperando una plataforma.

Ese punto es clave para cualquier estratega político o corporativo.

Las grandes audiencias no se construyen únicamente preguntando “¿Qué quiere la gente?”. Se construyen preguntando “¿Quién se siente ignorado, ridiculizado, desplazado, malinterpretado o culturalmente huérfano?”. La política moderna vive de esa pregunta. Las marcas con poder simbólico también.

Un líder político que entiende esto no diseña su comunicación únicamente alrededor de propuestas. Diseña un mundo emocional donde sus propuestas tienen sentido. Una empresa que entiende esto no vende simplemente productos. Vende pertenencia, posición, lenguaje, estilo de vida, aspiración o refugio. Una marca personal que entiende esto no publica por publicar. Construye una gramática propia para que su audiencia aprenda a ver la realidad desde su lente.

Los Murdoch hicieron eso a escala masiva. Tomaron medios, formatos, titulares, anchors, periódicos, cadenas, libros, entretenimiento y opinión, y los convirtieron en una maquinaria coherente de influencia. Esa coherencia no significa que todos los activos fueran idénticos. Significa que el sistema tenía una dirección. Y la dirección, en estrategia, vale más que el ruido.

La familia Murdoch resuelve demanda por fideicomiso y deja a Lachlan al  mando

Aquí hay una primera lección para líderes: no basta con tener presencia si esa presencia no está organizada por una tesis.

Muchos políticos aparecen todos los días en redes, entrevistas, podcasts, ruedas de prensa, eventos y columnas de opinión. Muchas empresas publican contenidos constantemente. Muchas marcas personales producen reels, newsletters, carruseles, videos, lives, colaboraciones, campañas, eventos y lanzamientos. Pero la pregunta estratégica es otra: ¿Todo eso está construyendo una visión reconocible o solo está alimentando el algoritmo?

Los Murdoch jugaron a largo plazo. Y el largo plazo exige una obsesión que hoy parece casi anticuada: consistencia. No consistencia estética de Canva. No consistencia de publicar a la misma hora. Consistencia de posición. Consistencia de enemigo. Consistencia de audiencia. Consistencia de mundo.

Esa es una de las razones por las que la batalla sucesoria de la familia Murdoch es tan interesante desde una lectura estratégica. No se trataba solo de quién heredaba acciones. Se trataba de quién heredaba la dirección política, editorial y simbólica del imperio. En septiembre de 2025, Fox Corporation y News Corp anunciaron la resolución del conflicto del Murdoch Family Trust: se crearían nuevos trusts para Lachlan Murdoch, Grace Murdoch y Chloe Murdoch; Prudence MacLeod, Elisabeth Murdoch y James Murdoch dejarían de ser beneficiarios en cualquier trust con acciones de Fox o News Corp; y el control de voto sobre esas acciones quedaría en manos de Lachlan Murdoch hasta 2050.

Rupert Murdoch Docu-series 'Dynasty: The Murdochs' Sets Netflix Release Date

Ese detalle importa porque en las dinastías de poder, la sucesión no es un trámite familiar: es una decisión estratégica.

Rupert Murdoch no estaba protegiendo solo una fortuna; estaba protegiendo una orientación. Un ecosistema mediático con poder político necesita continuidad, y la continuidad no se garantiza con afecto familiar, sino con arquitectura legal, accionarial y de gobierno. La familia pudo haber tenido varios herederos biológicos, pero el sistema necesitaba un heredero estratégico.

Esta es una frase que cualquier líder debería escribir en una libreta:

No todo heredero de tu proyecto es heredero de tu visión.

En empresas familiares, partidos políticos, movimientos sociales, startups, medios independientes y marcas personales, el riesgo de la sucesión mal pensada es enorme. Se construyen comunidades durante años, se acumula confianza, se desarrolla una estética, un tono, una manera de leer el mundo, una audiencia con expectativas, y luego todo se debilita porque nadie diseñó cómo se transmite el criterio. No el logo. No el puesto. No la cuenta de Instagram… El criterio.

Los Murdoch entendieron que la continuidad del poder requiere estructura.

Y esta es una lección que muchas marcas políticas y corporativas aún no han aprendido. Confunden liderazgo con carisma. Confunden comunidad con seguidores. Influencia con viralidad. Legado con reconocimiento. Pero el poder real empieza cuando aquello que construyes puede sobrevivir a tu ausencia, a tus errores, a los ciclos de mercado, a la presión reputacional y a la disputa interna.

Por supuesto, la historia Murdoch también tiene sombras.

No se puede hablar de este imperio sin mencionar sus controversias, desde la influencia política de sus medios hasta el escándalo de News of the World en Reino Unido, donde News Corporation enfrentó una enorme crisis por prácticas ilegales y antiéticas de interceptación de mensajes telefónicos, incluyendo casos vinculados a víctimas de crímenes, celebridades y soldados.

Esto nos obliga a hacer una distinción ética fundamental: estudiar una estrategia no significa justificar sus métodos. La estrategia sin ética puede construir poder, pero también puede destruir confianza, erosionar instituciones y convertir la influencia en un instrumento de daño. Por eso la lectura útil para MISS POLÍTICA no es “copiemos a los Murdoch”. La lectura útil es mucho más sofisticada: entendamos qué mecanismos de poder utilizaron, cuáles son replicables de forma legítima y cuáles deben funcionar como advertencia.

La estrategia Murdoch, traducida a un lenguaje aplicable, tiene cinco pilares.

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