MISS POLÍTICA

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La geopolítica de Ciudad de México.El poder blando de lo afectivo.

Análisis por MISS POLÍTICA – donde la historia y la estrategia convergen para armar el mundo.

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jun 30, 2025
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Hi Ruler,

En el vértice entre la geografía, la historia y las emociones, existe un tipo de poder que rara vez se menciona en los discursos estratégicos tradicionales: el poder de lo comunitario, de lo cotidiano, de lo afectivo.

Ciudad de México, en su inabarcable complejidad, es mucho más que una capital latinoamericana: es una metrópoli que ha desarrollado una geopolítica propia desde abajo, desde los mercados, los barrios, los códigos culturales y los movimientos sociales. Una ciudad que produce una estrategia no sólo desde lo institucional o lo macroeconómico, sino desde los afectos, los arraigos, las resistencias.

Este análisis busca comprender cómo la Ciudad de México ha configurado un poder geopolítico que nace de lo local, que se expresa en emociones colectivas, y que desafía los marcos tradicionales del análisis internacional.

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I. LA CIUDAD COMO ACTOR GEOPOLÍTICO

En las teorías clásicas de la geopolítica, el protagonismo suele recaer en los Estados-nación, los recursos estratégicos o los conflictos militares. Sin embargo, en un mundo cada vez más interconectado y descentralizado, las ciudades han comenzado a emerger como actores geopolíticos en sí mismos. Ciudad de México es un claro ejemplo. Con más de 21 millones de habitantes en su zona metropolitana, es la ciudad de habla hispana más grande del mundo, y una de las más influyentes en el Sur Global.

Pero su poder no radica únicamente en su tamaño o en su peso económico. Lo que convierte a Ciudad de México en un actor geopolítico singular es su capacidad para crear sentidos, para ser territorio simbólico, y para proyectar influencia cultural, política y social más allá de sus límites físicos.


II. ESTRATEGIA DESDE LO LOCAL Y LO AFECTIVO

Lo local como núcleo de poder

En Ciudad de México, lo local no es lo pequeño. Es lo estratégico. Las alcaldías como Iztapalapa, Tlalpan o Gustavo A. Madero tienen dimensiones demográficas mayores que varios países centroamericanos. Pero lo más relevante es que cada uno de estos territorios ha desarrollado formas de gobernanza, de organización social y de expresión política profundamente arraigadas en sus historias locales.

En Iztapalapa, por ejemplo, la celebración de la Semana Santa no solo es un evento religioso, sino una afirmación territorial, cultural y política. Es la expresión de un poder narrativo y afectivo que tiene raíces profundas en la identidad colectiva. Las ciudades contemporáneas están aprendiendo lo que Ciudad de México ya sabe desde hace décadas: que el poder más duradero no es el que se impone desde arriba, sino el que se teje desde abajo, desde la cotidianidad, desde lo emocionalmente compartido.

Afectos como estructura política

La Ciudad de México también ha desarrollado una forma de política basada en los afectos. La memoria del terremoto de 1985, por ejemplo, no solo dejó heridas físicas, sino también una forma distinta de entender la acción colectiva. Fue un parteaguas emocional que transformó la relación entre ciudadanía y poder. Surgieron comités vecinales, organizaciones civiles, movimientos urbanos que cuestionaron la legitimidad del Estado y propusieron nuevas formas de representación.

Esa emoción compartida —la del duelo, la del miedo, pero también la de la esperanza— se convirtió en una herramienta de influencia política. En otras palabras: en Ciudad de México, las emociones se han institucionalizado como forma de estrategia.


III. EL PODER DEL ARRAIGO Y DE LO COMUNITARIO

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