Reflexión política | La generación ansiosa: cómo las redes sociales están moldeando una ciudadanía más sola y más vulnerable.
Una opinión editorial para pensar (y sentir) la política a mitad de semana.
Hi Thinker,
Esta semana quiero invitarles a hacer una pausa. Una pausa incómoda, honesta y profundamente política. No para hablar de partidos, ni de encuestas, ni de coyunturas electorales. Quiero hablar de algo mucho más silencioso y, quizá por eso, más determinante: el efecto de las redes sociales en nuestra mente, en nuestros hijos y en el tejido emocional de nuestras sociedades.
He estado reflexionando a partir de una conversación que me impactó profundamente, en la que participan el psicólogo social Jonathan Haidt, autor del bestseller La generación ansiosa, y la doctora Aditi Nerurkar, médica de Harvard y especialista en estrés y agotamiento. Ambos analizan cómo plataformas como TikTok no solo capturan nuestra atención, sino que están reconfigurando nuestros cerebros, alterando nuestra memoria, debilitando nuestra concentración y contribuyendo a una crisis de salud mental sin precedentes.
No estamos ante un debate tecnológico, hay un consenso entre filósofos, psicólogos, sociólogos y analistas de que el debate es civilizatorio.
Una generación hiperconectada… y profundamente sola
Nunca habíamos tenido tantos canales de comunicación. Nunca habíamos estado tan “conectados”. Y, sin embargo, los indicadores de soledad, ansiedad y depresión —especialmente entre adolescentes— se han disparado en la última década.
Jonathan Haidt señala que el gran punto de inflexión ocurre alrededor de 2012–2013, cuando el smartphone deja de ser un lujo y se convierte en una extensión del cuerpo. A partir de ese momento, la infancia cambia radicalmente: menos juego libre, menos interacción cara a cara, menos aburrimiento creativo. Más pantallas. Más comparación social. Más validación digital.
La consecuencia es estructural.
Una generación que antes aprendía a regular sus emociones jugando en el parque, resolviendo conflictos en persona y tolerando la frustración sin gratificación inmediata, hoy aprende a gestionar su identidad a través de algoritmos. Y los algoritmos no premian la profundidad, premian la reacción.
Lo que estamos cultivando es una generación hipersensible al juicio externo y dependiente del refuerzo inmediato.
El “hackeo” cerebral: cuando la tecnología compite con tu sistema nervioso
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