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Reflexión política | ¿La salud mental debería ser un derecho político?

Una opinión editorial para pensar (y sentir) la política a mitad de semana.

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jun 12, 2025
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Hi Ruler,

Hace unos años, en una conversación con una colega, me preguntó:
¿Tú crees que se puede hacer política con el corazón roto?

Me quedé en silencio. Porque sabía, en el fondo, que no solo se puede, sino que muchas veces no hay más remedio que hacerlo así. Con ansiedad, con miedo, con duelos no resueltos, con presiones internas que nadie ve. Y, sin embargo, seguimos. Porque cuando trabajamos en política —y especialmente cuando somos mujeres en política— parecer frágil no es una opción.

Pero, ¿qué pasa cuando esa “fortaleza” es solo una máscara para ocultar una herida que crece? ¿Qué pasa cuando el sistema político, social y económico ignora la salud mental como si no fuera tan importante como un derecho humano, como el acceso a la educación, al agua o a la vivienda?

Hoy quiero que hablemos de esto con honestidad y sin miedo:
¿La salud mental debería ser un derecho político?

Spoiler: ya debería serlo.


Salud mental: una cuestión de derechos humanos | CONICET

La salud mental no es un lujo, es una urgencia

No hay que ir muy lejos para ver el colapso: millones de personas viven atrapadas en ciclos de ansiedad, depresión, estrés crónico, agotamiento laboral, abuso emocional y traumas colectivos no resueltos. Desde los adolescentes que no encuentran sentido en la vida, hasta los líderes políticos que toman decisiones cruciales sin descanso, sin terapia y sin red de apoyo.

Aun así, los presupuestos públicos asignados a la salud mental son ridículos en la mayoría de los países. En muchos sistemas sanitarios, la salud mental es la última prioridad, si es que se considera.

Y ahí es donde entra la pregunta política:
¿Quién decide eso? ¿Por qué seguimos tratando la salud mental como un asunto privado, cuando sus consecuencias son sociales, económicas y profundamente estructurales?


Cuando la salud mental se convierte en un privilegio

En América Latina, África y muchas regiones de Asia, el acceso a la salud mental de calidad depende del dinero que tengas. ¿Quieres ir a terapia? Págala. ¿Quieres atención psiquiátrica? Págala. ¿Sufriste violencia o trauma infantil? Búscate un buen profesional (si lo puedes costear).

Mientras tanto, los sistemas públicos —cuando existen— están colapsados, desbordados o directamente ausentes.

Esto genera una brecha social brutal: los que tienen recursos pueden sanar, los que no, sobreviven como pueden. Y muchas veces eso significa repetir patrones de violencia, perpetuar el sufrimiento, o incluso llegar al suicidio.

¿Cómo no va a ser político? ¿Cómo no va a ser urgente?


La salud mental sí afecta la democracia

Puede parecer exagerado, pero no lo es: una ciudadanía rota emocionalmente es más vulnerable al miedo, al odio y a la manipulación.

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