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Reflexión política | ¿Y si el juego es la vida real?

Una opinión editorial para pensar (y sentir) la política a mitad de semana.

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jul 09, 2025
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Hi Ruler,

¿Y si el juego es la vida real?

Me hice esta pregunta después de volver a ver El juego del calamar, esta vez no como simple espectadora, sino como estratega, como analista, como alguien que no puede dejar de observar cómo la ficción le pone un espejo a la realidad. Porque no hay nada más peligroso que creer que todo lo que vemos en una serie es solo entretenimiento.

Lo que vi fue brutal. No por la violencia explícita, sino por la crudeza simbólica que atraviesa cada escena. Lo que vi fue la radiografía perfecta del capitalismo tardío: ese sistema que se disfraza de libertad mientras nos lanza al abismo de la competencia. Un sistema que convierte la vida en una carrera por sobrevivir, incluso si eso significa perder la dignidad, el cuerpo, o el alma en el camino.

Y no quiero te confundas: no soy anticapitalista. Tampoco antisistema. Creo que el mundo es como es. Y así me gusta verlo. Pero no niego la injusticia. Y si puedo hacer algo para combatirla, algo real y tangible, tenlo por seguro que ahí estaré.

Hoy quiero que pensemos juntos: ¿qué tanto se parece El juego del calamar a la vida en el mundo que habitamos? ¿Y si los juegos ya no fueran una metáfora, sino una traducción casi literal de lo que implica vivir en este sistema?


Crítica de El juego del calamar temporada 3: entretenido final al que se le  agotan los recursos

El juego como sistema: la estructura del espectáculo

En El juego del calamar, cientos de personas endeudadas, quebradas emocionalmente, invisibilizadas por el sistema, son reclutadas para participar en un juego secreto. A cambio de su vida, podrían ganar una enorme suma de dinero. Suena descabellado, pero pensemos un momento: ¿no es esa la dinámica diaria en la que se encuentran millones de personas alrededor del mundo?

Vivir bajo el capitalismo tardío es levantarse cada mañana a jugar. El trabajo como un “juego” de supervivencia. Las entrevistas de trabajo como un “casting” por la vida. Las redes sociales como una vitrina de quienes parecen estar ganando. El emprendimiento como única salida aceptada al fracaso sistémico. Y la salud mental como un privilegio reservado solo para quienes no están en modo “sobrevivir”.

Los juegos en la serie son infantiles. Una ironía dolorosa: ¿cuándo dejamos de jugar por diversión y empezamos a jugar por necesidad?

Lo perturbador es que en esta ficción, como en la realidad, nadie obliga a nadie a jugar. Cada participante da su “consentimiento”. ¿Libre albedrío? ¿O una coacción tan sofisticada que ya no necesita ser visible? ¿Cuántas personas aceptan trabajos indignos, condiciones inhumanas o silencios violentos porque “no tienen otra opción”?


Jugadores y VIPs: la violencia de clase

En el juego del calamar hay dos grandes grupos: los jugadores y los VIPs.

Los jugadores son los perdedores del sistema. Personas aplastadas por la deuda, el desempleo, la precariedad, la desigualdad estructural. Personas descartadas, cuyas vidas valen tan poco que su muerte puede ser parte del entretenimiento de otros.

¿Te suena?

Los VIPs, por su parte, son ricos extranjeros que asisten a los juegos como si fueran espectáculos privados. Beben whisky, hacen apuestas, se ríen. No sienten empatía. Solo placer. Son los dueños del tablero, los que no arriesgan nada, los que observan cómo los pobres se matan entre sí. Lo que importa no es quién gana, sino que el juego nunca se detenga.

¿Quiénes son los VIPs en nuestra sociedad?

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