THE STRATEGY | Cómo tomar decisiones estratégicas más allá del resultado.
Hi Ruler,
Antes de entrar en materia, queremos dar la bienvenida a quienes se han suscrito esta semana. Gracias por confiar en este proyecto que nació con una convicción clara: hacer el mundo genial. Pero sí, lo complejo fue el espacio que elegimos para hacerlo: la política, la geopolítica y la estrategia.
Este boletín que recibes hoy, tiene su propio objetivo: hacer de la estrategia una herramienta accesible, útil y poderosa para transformar el mundo político, corporativo y social.
MISS POLÍTICA no es solo un espacio de análisis, es una comunidad que cree en el pensamiento crítico, en las decisiones con propósito y en la fuerza de las ideas bien ejecutadas.
Gracias por ser parte de esta visión.
Ahora sí, entremos en la estrategia de hoy.
Una que nace de un pincel olvidado…
Y que nos recuerda que la claridad no siempre es popular, pero sí poderosa.
La locura de creer antes de que los demás vean
En 1890, Vincent van Gogh murió sin gloria. Sin reconocimiento. Sin fortuna. Su talento era invisible para su época. Hoy, el mundo lo aclama como uno de los mayores genios del arte.
Pero entonces, era un loco.
Un artista errático, incomprendido, pobre.
Vendió un solo cuadro. La viña roja. 400 francos. Lo justo para vivir unas semanas más.
Sin embargo, Vincent tenía algo más valioso que el dinero o el aplauso: tenía claridad.
Sabía que lo que hacía tenía sentido. No para su momento, pero sí para el tiempo por venir.
Y en ese abismo entre lo que creemos y lo que los demás aún no entienden, vive la verdadera estrategia.
El sesgo de resultado: el enemigo invisible
En política y en los negocios, cometemos un error de percepción brutal: juzgar una decisión por cómo termina, no por cómo fue tomada.
Este error tiene nombre: sesgo del resultado.
Cuando una campaña gana, decimos que fue brillante, aunque haya sido improvisada.
Cuando un candidato pierde, lo tachamos de ineficaz, aunque su propuesta haya sido coherente y su timing pésimo.
Cuando una empresa acierta con un producto mediocre, lo llamamos genio de marketing, aunque solo haya sido suerte.
Cuando una estrategia racional fracasa por factores externos, decimos que estuvo mal diseñada.
Y esto nos lleva a la trampa:
Si solo aprendemos de lo que funcionó, no estamos aprendiendo estrategia, estamos aprendiendo superstición.
¿Qué nos enseña esto como estrategas políticos o corporativos?
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