Hey Ruler,
Quiero contarte algo.
En la década del 2000, la ciudad de Seúl se enfrentaba a un caos urbano aparentemente sin solución.
Para muchos, la respuesta era obvia: más carreteras, más espacios para que los vehículos circularan.
Sin embargo, la administración de la ciudad tomó una decisión que, en su momento, fue calificada de "suicida": derribar una autopista elevada que atravesaba el centro urbano, liberando el viejo arroyo Cheonggyecheon.
Lejos de empeorar la congestión, el tráfico general mejoró. El centro se revitalizó, el flujo se hizo más fluido y la calidad de vida dio un salto adelante.
Esto no sucedió por magia ni por casualidad.
La explicación radica en lo que el matemático Dietrich Braess demostró en 1968: añadir más rutas o vías puede, en determinadas redes, generar mayor congestión.


